Meditaciones (intervenidas), Libro IV, 46

Acuérdate de tener siempre presente este pasaje de Heráclito: “La muerte de la tierra es convertirse en agua; la muerte del agua es transmutarse en aire; la del aire, hacerse fuego, y al contrario”. Acuérdate asimismo de aquella persona que se olvidó del camino por donde debía ir. Y asimismo, de esto: “Por constantes que sean las relaciones con la razón que todo lo gobierna, no pueden los seres humanos entenderse con ella; y lo que presencian todos los días, se les antoja extraño”.

Y a más, de esto: “No es conducente el obrar y el hablar como quien sueña”, que también al soñar parécenos que mucho hacemos y hablamos, “ni imitar la conducta de las y los jóvenes”, esto es, siguiendo a ciegas una tradición rutinaria.