Meditaciones (intervenidas), Libro IV, 40 – 44

40

Hermana, conviene tener siempre en la mente que el mundo es como un ser animado, que contiene la sustancia única y un alma única; pensar cómo todo acaba en una misma percepción, la suya; cómo lo hace todo con un solo ímpetu inicial; cómo concurre con las demás causas particulares a todos los efectos que se producen, y, por último, cuál es la dependencia y enlace complejo de todas las cosas entre sí.

41

No eres más que una pobre alma, que arrastra un cadáver”, como decía Epicteto.

42

Las cosas que se hallan a punto de cambiar, mujer, no experimentan ningún mal, como tampoco a las que nacen de esta mutación les viene bien alguno.

43

El tiempo, hermana, es como un río o un raudo torrente, que arrastra los acontecimientos. Apenas una cosa salta a la vista, es arrastrada; aparece otra a su vez, y es arrastrada con igual prontitud.

44

Mujer, todo lo que acontece es tan vulgar y usado como la rosa en la primavera, y los frutos en el verano; tales son la enfermedad, la muerte, la calumnia, la traición y cuando alegra o aflige a las necias.