Meditaciones (intervenidas), Libro IV, 4

Si la inteligencia es un bien común, la razón que nos hace seres razonables es común también; admitido esto, nos es también común esta razón práctica que prescribe lo que se debe o no se debe hacer. Si esto es cierto a todas las personas nos comprende una ley común; y si nos comprende, somos todas ciudadanas. Si ello es cierto, formamos todas parte de un mismo cuerpo político. Consecuentemente, el mundo viene a ser un estado universal. Y si no, ¿de qué otro cuerpo político se dirá que forma parte el linaje humano? De arriba, sin duda, de esta ciudad común, procede la inteligencia misma, la razón y la ley. Y si no, ¿de dónde? Efectivamente, así como la parte terrestre que tengo en mí, proviene del elemento de la tierra; la parte líquida, de otro principio; la aérea, de otra fuente; la cálida e ígnea, de otro origen que le es propio –que nada viene de la nada y nada va a parar a la nada–, así también de alguna parte nos viene el principio intelectivo.