Meditaciones (intervenidas), Libro IV, 34 – 38

34

Abandónate, mujer, de todo corazón a Cloto: déjala tejerte la vida con los acontecimientos que le placen.

35

Todo es efímero, hermana: la que sugiere un elogio, como el mismo objeto que lo inspira.

36

Considera de continuo que todo lo que nace, se hace por transformación, y acostúmbrate a pensar que la naturaleza universal nada ansía tanto como cambiar las cosas existentes para formar otros seres semejantes. Todo ser, en cierto modo, es germen de otro de que él ha de renacer, tú lo sabes. Pero tú sueles imaginar más semillas que las que se echan en la tierra o en la matriz: y esto es ser creativa.

37

Habrás ya vivido mucho, y no acabas aún de ser sencilla, ni imperturbable, ni confiada para comprender que nada exterior puede dañarte, ni benévola para con todo el mundo; ni cifras aún la sabiduría en la sola práctica de la justicia.

38

Mira con atención los principios que guían a las mujeres sabias, qué cosas evitan y cuáles desean alcanzar.