Meditaciones (intervenidas), Libro IV, 22 y 23

Libro IV, 23

22

No te dejes arrastrar por el torbellino de las pasiones, antes bien, a todo ímpetu del instinto, ofrece lo que de justicia te toca; ante toda aprensión de la fantasía, hermana, conserva la facultad de pensar.

23

Me avengo, oh naturaleza del mundo, a todo lo que a ti te acomodare. Nada es para mí, mujer, temprano o tardío, si para ti es sazonado. Cuanto llevan tus estaciones, oh naturaleza, todo es para mí, fruto regalado. De ti viene todo, todo está en ti, todo vuelve a ti. Si la otra dice: “Oh, querida ciudad de Cécrope”, ¿no dirás tú: “Oh, querida ciudad de Zeus”?