Meditaciones (intervenidas), Libro IV, 1

El señorío interior de la mujer, cuando va bien concertada con la naturaleza, adopta respecto a los acontecimientos una posición tal, que en todo momento puede modificarla facilmente, a tenor de las circunstancias. No tiene preferencia por ninguna materia determinada; se dirige a los objetos principales, aunque con la debida reserva, y si alguno se le opone, conviértelo en materia propia de virtud, no de otra manera que el fuego cuando se apodera de los cuerpos que se le echan encima. Una pequeña mecha se apagaría, pero un fuego vehemente asimila pronto cuanto se le arroja, lo convierte en sí mismo y se levanta así más alto.