Meditaciones (intervenidas), Libro III, 16

Tenemos cuerpo, alma, inteligencia. Del cuerpo son las sensaciones; del alma, los instintos; de la inteligencia, los principios. De recibir impresiones por medio de las ideas de los objetos, los mismos brutos son capaces. De ser impetuosamente agitada, como títeres, por los instintos, también las fieras, las y los falerios, los Nerones son capaces. De tomar la inteligencia por guía de lo que parecen deberes, también son capaces quienes no veneran ninguna divinidad, quienes traicionan a su patria o cometen toda clase de infamias a puertas cerradas. Si, pues, todo esto es común a los seres antedichos, la prerrogativa de la mujer virtuosa es acoger con amor y satisfacción lo que sobreviene y se entrelaza con la vida, y no envolver y turbar con un tropel de ideas a la genio que ha tomado asiento en su corazón; sino vigilarla para que se conserve satisfecha, que obedezca, como conviene, a la divinidad, sin decir una palabra opuesta a la verdad, ni hacer nada contrario a los derechos de la justicia. Si las demás personas rehúsan creer que vive una con simplicidad, modestia y buen ánimo, ella no deberá enojarse con nadie ni desviarse del camino que conduce al término de la vida, que se debe esperar puro, tranquilo, despejado, acorde sin repugnancia alguna con la suerte que le cupiere.