Meditaciones (intervenidas), Libro III, 1

Libro III, 1

Conviene no sólo hacerse la cuenta que la vida se consume de día en día y que se acorta la parte restante. Débese, mucho más, reflexionar otro extremo. Aunque la mujer viviere largos años, estará siempre incierta si le bastará la igual disposición de mente en que se hallare para comprender las cosas ocurrentes y la teoría encaminada al conocimiento de las cosas divinas y humanas. Por más que empiece a chochear, no le habrán de faltar, sin duda, la respiración, la nutrición, la imaginación, los movimientos y las otras funciones de ese orden; pero el vigor para disponer de sí misma, para cumplir perfectamente con sus deberes morales, para analizar sus pensamientos, para resolver también si es ya tiempo de abandonar este mundo, y para entregarse a todas las actividades que requieren una razón ejercitada, todo esto ya con anterioridad se extingue. Conviene, pues, apresurarse, no sólo porque por momentos se avecina una a la muerte, sino porque se pierde de antemano el conocimiento y la reflexión de las cosas ocurrentes.