Meditaciones (intervenidas), Libro II, 5

Afánate fijamente, a cada hora, como ciudadana de tu pueblo y como mujer, en hacer lo que tuvieres entre manos, con precisa y sincera gravedad, con amor, libertad y justicia, procurando desasirte de cualquier otra preocupación. Lo conseguirás si ejecutas cada acción de tu vida como si fuere la última, despojada de toda irreflexión y de toda apasionada repugnancia al señorío de la razón, sin falsedad, ni egoísmo, ni displicencia ante las disposiciones de tu albedrío. Ya ves cuán pocos son los principios que debes poseer para vivir una vida próspera y sin temer a dios alguno.