Meditaciones (intervenidas), Libro I, 7

Debo a Rústico el haber comprendido la necesidad de enderezar mi carácter y vigilarlo de continuo: no haberme desviado hacia la hinchazón de la sofística, ni haber compuesto tratados teóricos ni esas obras retóricas que tienen a la persuasión; no intentar sorprender al público con ostentasiones de actividad o beneficencia; haber abrazado la poesía y abandonado el estilo atildado; no pasearme por casa en toga, vedándome tales vanidades ceremoniosas; escribir llanamente mis correos a semejanza de aquella que él mismo escribió, desde Sinuesa, a mi madre; estar siempre dispuesta a reconciliarme prontamente con quienes me irriten o me ofendan, apenas esas mismas personas deseen allegárseme; leer con reflexión, sin contentarme con una noticia superficial de los escritos; no dar fácil asenso a las personas que charlan de todo fuera de propósito; haber podido leer los escritos de Epicteto, que él me prestó de su biblioteca.