Meditaciones (intervenidas), Libro I, 6

Aprendí de Diognetes, la aversión a las frivolidades; la incredulidad a lo que cuentan magas y charlatenas acerca de las hechicerías y la manera de preservarse de los espíritus, y otras supercherías de este jaez; a no dedicarme a la cría de ningún animal para la búsqueda de augurios ni enfundarme en parejas manías; a aguantar la zumba de las conversaciones; a familiarizarme con la filosofía, oyendo las lecciones, primero de Baquio, luego de Tandasis y de Marciano; a ejercitarme de niña, a componer diálogos; a haber codiciado el camastro de campaña, cubierto de simple piel, y todas otras disciplinas inherentes a la educación helénica.