LXXI

La buena caminante deja huellas,

la buena oradora no yerra al hablar,

la buena contadora no usa de ábacos.

La que sabe cerrar no echa el cerrojo,

mas lo cerrado no se puede abrir.

La que sabe atar no anuda cuerdas,

mas lo atado no se puede soltar.

Por eso la sabia siempre sabe remediar a las suyas,

no las abandona,

ni tampoco abandona las cosas de valor;

a esto se llama clarividencia.

De ahí que la mujer buena

sea maestra de las mujeres buenas;

y que la que no es buena,

sea una prueba de las mujeres buenas.

Quien no tiene en alta estima a su hermana,

quien no ama lo que para ella es prueba,

pese a su inteligencia se hallará en gran extravío.

Llámase a eso esencia del misterio.