LXI

De una gran gobernante,

los de abajo solo conocen su existencia;

a la que no lo es tanto,

la aman y la elogian;

a la que menos,

le temen;

a la de inferiores cualidades,

la cubren de denuestos.

Si la gobernante no es mujer de palabra,

nadie le tendrá confianza.

La gran gobernante es cauta,

valora sus palabras.

Remátanse con éxito los negocios todos

y el pueblo llano dice que está en armonía con la naturaleza.