III

Una letrada superiora oye hablar del dao,

y puede ejercitarlo con dedicación.

Una letrada mediana oye hablar del dao,

y tan pronto lo guarda como lo deja.

Una letrada inferior oye hablar del dao,

y estalla en risotadas.

Si no se riera de él, no podría ser tenido por el verdadero dao.

Por eso reza el proverbio:

“El dao, luminoso, parece oscuro;

el dao, progrediente, parece retroceder;

el dao, llano, parece desigual”.

La suprema virtud parece fondo de barranco,

la gran blancura parece inmunda,

la omnímoda virtud parece debilidad,

la pura verdad parece falsedad,

el gran cuadrado no tiene ángulos.

La gran vasija tarda mucho en hacerse,

el gran sonido raramente se oye,

la gran imagen no tiene forma,

el dao, en su inmensidad, no se puede describir.

Solo el dao puede engendrar y llevar a la plenitud.