I

La mujer de virtud superior no es virtuosa,

y por ello está en posesión de la virtud.

La mujer de virtud inferior se aferra a la virtud,

y por eso carece de virtud.

La mujer de virtud superior no actúa,

ni pretende alcanzar fin alguno.

La mujer que posee la más alta benevolencia actúa,

mas no pretende alcanzar fin alguno.

La mujer que posee la más alta rectitud actúa,

y siempre busca algún fin.

La mujer que observa altamente los ritos actúa,

mas nadie hace caso de ella,

y entonces extiende sus brazos y les hace fuerza (para que la respeten).

De suerte que tras la pérdida del dao aparece la virtud,

tras la pérdida de la virtud aparece la benevolencia,

tras la pérdida de la benevolencia, aparece la rectitud,

tras la pérdida de la rectitud aparecen los ritos.

Los ritos, menoscabo de la lealtad y la confianza,

son el principio de un gran desorden.

La presciencia es huero ornamento del dao,

y principio de la necedad.

De ahí que las grandes mujeres se atengan a lo que acrece y no a lo que menoscaba,

se atengan a la esencia y no al huero ornamento. Por eso rechazan lo uno y adoptan lo otro.