Había una vez

[1]

Los elefantes caminan a la orilla de la mar. Son cuatrocientos.

¿Te acuerdas?, dice Farabeuf.

Tintin no contesta, pero se sonroja: en realidad a quien recuerda es a Margarita imaginando con embeleso las huellas de los paquidermos en la arena, una vez que un tal Rubén la puso al tanto del hecho.

Tintin no existe para esa chica, a pesar de su fama de joven valiente y emprendedor.

De la misma manera que Margarita no existe para Farabeuf, quien está aquí porque fue llamado ex profeso para explicar-tratar-curar la manía de una princesa por hacer largos viajes para robar objetos, bajo el pretexto del diseño de joyas.

Ahora, el célebre doctor está demasiado ocupado con el guijarro que encierra su mano y la nausea que le produce pensar lo mucho que esa piedrecilla resistió tras ser pisada por todos los elefantes que acaban de pasar.

Además el rey no sabe ni sabrá nada de lo que ocurre.

Y aunque la historia será contada de diferente manera, los únicos que en realidad se divierten esta tarde son los animales.

[1] Texto publicado en VVAA. (2020). Jubiloso pabellón para José Antonio García Aguilera (pp. 37). Motril: Excelentísimo Ayuntamiento de Motril.