Entrevista imaginaria a mí misma: sobre el ayuno

–¿Qué está leyendo estos días veraniegos?  

–Algo sencillo de Juan Arnau: Manual de filosofía portátil.

–¿Por qué ese título?

–Quería hacer un recorrido por la vida y obra de los filósofos famosos como cierre de una larga etapa de mi vida.

–¿Va a morirse ya?

–¡Sería muy chungo con este calorón!

–Cuente de que van esas etapas.

–Pues nada (por usar la muletilla local), que me he dado cuenta de haber sido encauzada en cierto tipo de lecturas y ya no me da la gana seguir por ahí.

–¿Quién o quiénes la encauzaron?

–La gente de la Biblioteca de Alejandría, Nezahualcóyotl, Gutemberg…

–¿No exagera?

–Yo siempre exagero. ¿Hay otra manera de vivir?

–¿Y cómo lo hizo el hijo poeta de Matlalcihuatzin?

–Por escribir él y no su madre, por ejemplo.

–…

–Para que me entienda, buena persona: me he pasado la vida leyendo lo escrito por hombres de todas las épocas, su pensamiento ha conformado el mío, creía que sus gustos eran los míos. Y desconozco lo escrito, pensado y gustado por las mujeres.

–¡Venga ya! Como si nunca hubiera leído a sor Juana Inés de la Cruz, a Elena Poniatowska, a Marta Nussbaum, a Mary Beard, a Safo, a Kate Millett, a Amparo Dávila, a Angela Carter…

–Incluso a María Dueñas, Corín Tellado o E. L. James…

–¿Entonces?

–Que las he leído con base en las letras masculinas y me parece una auténtica locura al ser yo mujer. Necesito un ayuno de testosterona.

–El ayuno intermitente está de moda.

–En efecto.

–Usted siempre con lo último.

–Así es una.