Dar abrazos

En sus inicios como instragramer, mi padre llegó a tener dos millones de followers. En esos días, su video más reproducido era aquel en donde baila subido a unos tacones de doce centímetros. Una nadería, comparado con lo de hoy.

            Él tenía claro que no era guapo y su cuerpo estaba alejadísimo de los cánones del gym. Pero supo sacar partido a su veta simpática. Gustaba mucho cuando cantaba de ese modo tan particular: a gritos y asustando a los transeúntes. Es necesario apuntar que en cuanto estos últimos lo reconocían, se desternillaban y daban con beneplácito su consentimiento para salir en su feed y sus stories. Ya sabe usted que incluso algún cantante famoso llegó a actuar con él o a invitarlo a su show.

            En las redes, la preferencia por alguien dura muy poco y mi padre no fue la excepción. Cuando optó por la imitación de retos, rutinas de yoga y maquillajes extremos, en contra de lo que suponía, dejó de atraer likes. Y de dos millones seiscientos ochenta y siete visionados por jornada, un día tuvo tan solo veintinueve. A causa de tal desplome, enfrentó unas semanas muy malas en las que engordó y se deprimió por encima de lo habitual. Empezó así a tener ideas cada vez más descabelladas con tal de mantener a sus seguidores, como aquella de dar abrazos a la orilla del Gran Cañón mientras él iba sin sujeción alguna.

            El hecho decisivo que lo llevó directo a la fama se debió, sin embargo, a un accidente. El ocurrido durante la grabación con aquellas entonces desconocidas influencers.  El del cuarto de baño, ese donde se rompen los espejos y él sangra tanto. Fue cuando decidió enfocarse en los cortes en las piernas y los brazos, por lo que consiguió un nuevo público: el adolescente. Con eso vino todo lo demás, como ya sabe. Millones lo aclamaron y tuvo perfiles en todas las plataformas. Lo abordaban en la calle para los selfies y fichó para las grandes firmas.

            Sentía que se debía a su público y quiso avanzar en ese sentido. El siguiente paso fueron las cirugías sin anestesia, su experiencia como body packing, el autodesollamiento… ORLAN se sintió homenajeada y entendida por fin y la comunidad artística neoyorkina le mostró su aprecio. Gobiernos y cárteles se unieron para manifestar sus respetos tras su ingesta, paseo por la frontera y consecuente expulsión del cargamento de heroína. Como expuso que quitarse la piel de las rodillas era su protesta contra los ataques xenófobos a quien fuese, mi padre se transformó en abanderado de la lucha internacional por la aceptación y tolerancia de las otras, les otres, los otros y lxs otrxs. Por haberse dejado morder por todas esas hormigas en la sabana de Kenia —y sobrevivir al choque anafiláctico— la ONU le confirió el premio de la Concordia con el Medio Ambiente. Con todo, pasó de moda otra vez.

            Reacio a atravesar por un periodo de declive como el de los veintinueve likes, se preparó concienzudamente para su último y más importante streaming. Contrató un experimentado equipo en la deep web, incluida dirección de escena y hackers, claro está, de tal manera que la probabilidad de localizarlo fuese nula, dada la excelencia de la triangulación y el gran blindaje.

            Por eso, el acto tan extremo que ahora realiza y lo llevará a la muerte en directo, así como el registro de su putrefacción, son imposibles de detener. Ni la propia CIA ha logrado algo al respecto. Estoy segura de que no se intentará nada más porque la mayor parte de los ingresos generados por los anunciantes va directamente al Fondo Monetario Internacional, él así lo dejó estipulado. Eso asegura que su proceso se siga transmitiendo 24/7 sin problemas y para deleite de sus espectadores.

GÓMEZ GRAY ALANA. (2023). Dar abrazos. En Relatos para Sallent. XV y XVI Concurso de Relatos Cortos para leer en tres minutos «Luis del Val» (pp. 29-30). Jaca: Ayuntamiento de Sallent de Gállego / Comarca Alto Gállego.